Ir directamente a la información del producto
1 de 2

DEBATE

EL PODER DE LAS PALABRAS - MARIANO SIGMAN

EL PODER DE LAS PALABRAS - MARIANO SIGMAN

Precio habitual $15.000
Precio habitual Precio de oferta $15.000
Rebaja! Pronto
Impuesto incluido. Los gastos de envío se calculan en la pantalla de pago.

La conversación es la fábrica de ideas más extraordinaria que tenemos a nuestro alcance, la herramienta más potente que podemos emplear para transformarnos.

Hoy la conversaci√≥n est√° m√°s presente que nunca, en todo tipo de formatos, y, sin embargo, la desde√Īamos como si fuese chatarra y no confiamos en su capacidad para promover el intercambio de puntos de vista. Durante toda nuestra vida conservamos la misma capacidad que un ni√Īo para aprender nuevos idiomas, oficios, artes y para demoler estigmas. En este maravilloso libro, Mariano Sigman realiza

una exploraci√≥n de la fuerza de las palabras para reinterpretar nuestra experiencia emocional y cambiar lo que sentimos y lo que podemos llegar a ser. En el intercambio de ideas se vuelven visibles procesos mentales que sin √©l permanecer√≠an enterrados. Esta es una oda a la conversaci√≥n generadora de cambio y a la b√ļsqueda de la mejor versi√≥n de nosotros mismos.

 

El poder de las palabras
Mariano Sigman

Fragmento
SOLO FUE UN MAL D√ćA

‚ÄúEs imposible. Vas a correr con doscientos chicos m√°s grandes que vos‚ÄĚ, le explicaron a mi hermano cuando cont√≥, en medio de la cena, que pod√≠a quedar entre los primeros en la carrera del colegio. Al d√≠a siguiente Leandro lleg√≥ a casa con una sonrisa alargad√≠sima y una medalla en el cuello. Un a√Īo despu√©s me tocaba correr a m√≠ y expres√© el mismo optimismo. Visto lo ocurrido, mis viejos fueron, sin ning√ļn reparo, a registrar la haza√Īa con una c√°mara aparatosa de las de aquella √©poca.

√Čramos much√≠simos ni√Īos en ropa de atletismo en la largada de un circuito embarrado y fracturado por zanjas profundas. Ni bien salimos entend√≠ que ese d√≠a no habr√≠a medalla. Me pasaban por todos lados, a toda velocidad, y cuando ya iba entre los √ļltimos, subiendo una cuesta que entraba al bosque, sent√≠ un mareo, las piernas flojas, las tripas revueltas y a los pocos segundos estaba arrodillado, vomitando contra un √°rbol.

Cuando recuper√© algo de energ√≠a para ponerme de pie y caminar √ļltimo hasta la meta pens√©: ‚ÄúYo no sirvo para el deporte‚ÄĚ. En aquel entonces yo era un fen√≥meno con los n√ļmeros; mis profesores de matem√°tica me reun√≠an con chicos cada vez m√°s grandes para encontrar el l√≠mite de mi c√°lculo mental. Ese era mi lugar. Pensaba bien, corr√≠a mal: mi cuerpo era flojo; mi piel, blanda, y no ten√≠a ni la fuerza ni el temple necesarios para una carrera.

En ese lugar me instal√© y desarroll√© durante cuarenta a√Īos. Hasta que un d√≠a, luego de trotar un par de kil√≥metros, sent√≠ un dolor en el pecho. Horas despu√©s estaba en la guardia cardiol√≥gica con el cuerpo repleto de cables. La enfermera me explic√≥ que hab√≠an encontrado varias obstrucciones en las coronarias y que iban a pasarme una sonda desde la ingle al coraz√≥n para destaparlas. Temblaba de fr√≠o mientras repet√≠a compulsivamente que todo iba a salir bien. Y as√≠ fue: las obstrucciones eran menores de lo que me hab√≠an anunciado.

De vuelta en Madrid, adonde me hab√≠a mudado hac√≠a poco, me compr√© una bici. Sal√≠ un d√≠a de invierno, con pantalones largos y un abrigo de lana, y anduve los quince kil√≥metros m√°s decisivos de mi vida. Pedaleaba c√≥modo y ten√≠a la sensaci√≥n de ir recorriendo la naturaleza a la velocidad justa. Los quince kil√≥metros se volvieron treinta, setenta, cien, doscientos. Un d√≠a me invitaron a una cena a trescientos cincuenta kil√≥metros de casa y yo, como si fuese lo m√°s natural, fui pedaleando. En alg√ļn momento de ese trayecto en el que vi el amanecer, cruc√© bosques y monta√Īas y rod√© solo contra el viento; me acord√© del personaje que interpretaba Sean Penn en¬†It‚Äôs All About Love, que al tomar tantas pastillas para superar el miedo a los aviones produce el efecto inverso: vuela sin parar, sin poner nunca un pie en la tierra. As√≠ iba yo con la bici.

A los meses de haber empezado esta aventura fui a la Morcuera, una monta√Īa con una pendiente dur√≠sima de unos nueve kil√≥metros y casi dos horas despu√©s hice cima. Volv√≠ varias veces y la Morcuera se convirti√≥, como para tantos otros ciclistas, en el faro de mi estado de forma. La sub√≠a cada vez m√°s r√°pido: en noventa minutos y luego en setenta. Cincuenta minutos, cuarenta y cinco, cuarenta y dos, cuarenta y, al fin, en treinta y ocho. Y si bien ese era un tiempo mucho mejor del que nunca hab√≠a imaginado, me propuse un nuevo desaf√≠o: hacer cima en menos de treinta y cinco minutos.

Entren√© mucho. Busqu√© un d√≠a con sol, sin mucho calor y con poco viento. Pas√© por el taller mec√°nico de √Āngel que me cont√≥, mientras afinaba cada engranaje de la bici, que √©l hab√≠a subido esa monta√Īa con tanta prisa que ni siquiera hab√≠a visto que, a mitad de camino hab√≠a un lago. Me plant√© al pie de la monta√Īa y empec√© a pedalear como un condenado. Ya andaba bastante justo de aire y peleaba con el sudor que me irritaba los ojos, cuando vi a la izquierda, en medio del valle, el embalse de agua. Pens√© en √Āngel e imagin√© a tantos otros que hab√≠an pasado por ese mismo lugar con las piernas ardiendo tratando de encontrar su propio l√≠mite. Me sequ√© los ojos y segu√≠ pedaleando con todas mis fuerzas sin o√≠r m√°s que el ruido de la cadena hasta que se abri√≥ el bosque y empez√≥ a soplar el viento de cara. Faltaban solo unos trescientos metros, la √ļltima subida. Me puse de pie en la bicicleta y clav√© la mirada en la rueda delantera, que mov√≠a de un lado al otro con todo el peso del cuerpo. Poco despu√©s, por fin, el pedaleo se volvi√≥ m√°s suave. Estaba en el llano. Solo entonces levant√© la cabeza y vi el cartel marr√≥n sobre las dos estacas grises en el que estaba escrito ‚ÄúPuerto de la Morcuera: 1796 m‚ÄĚ. La ruta angosta y mal pintada que se alargaba en el llano hasta desaparecer del otro lado de la monta√Īa. La tierra oscura, algunas manchas de nieve sucia de barro y una pareja que desayunaba en una mesa de aluminio.

Tir√© la bicicleta al piso y yo tras ella. Descans√© unos segundos para recuperar de a poco la vida y mir√© el reloj: 32:43. Hab√≠a destrozado mi tiempo. El sonido de ese n√ļmero se convirti√≥ en una rima perfecta: ‚Äútreinta y dos, cuarenta y tres; treinta y dos, cuarenta y tres; treinta y dos, cuarenta y tres‚ÄĚ. Lo repet√≠a igual que Antoine Doinel repet√≠a su nombre frente al espejo para sentir la vida en el cuerpo.

Me faltaba el aire. Estaba exhausto, mareado, con arcadas, al borde del v√≥mito. Despu√©s de treinta minutos a ciento ochenta pulsaciones mi cuerpo expresaba exactamente lo mismo que a los ocho a√Īos, cuando en plena carrera me hab√≠a descompuesto frente a un √°rbol. Y ah√≠ record√© la frase: ‚ÄúYo no sirvo para el deporte‚ÄĚ.

Me llev√≥ cuarenta a√Īos y treinta dos minutos entender cu√°nto me hab√≠a equivocado. No es que de chico no tuviese temple. Lo que no ten√≠a era una buena condici√≥n f√≠sica para la carrera, bien porque no era mi predisposici√≥n natural o porque no hab√≠a entrenado lo suficiente. Dada esa condici√≥n, hab√≠a llegado al l√≠mite. Quiz√°s, incluso ‚ÄĒalgo que s√≠ tendr√≠a que haber aprendido‚ÄĒ mucho m√°s all√°.

Los treinta y dos minutos y cuarenta y tres segundos en la Morcuera cambiaron retrospectivamente mi ni√Īez. Le di un abrazo al chico que hab√≠a sido. Con ternura, con afecto y con una gran sonrisa le ped√≠ una disculpa por no haber honrado el esfuerzo que √©l hab√≠a hecho, por no haberlo entendido. Me llev√≥ todo ese tiempo reinterpretar ese episodio que hab√≠a sido el punto de partida de un estigma que yo mismo hab√≠a creado: ‚ÄúYo no sirvo para el deporte‚ÄĚ. Si hubiese elegido otra frase del estilo de: ‚ÄúFue un mal d√≠a, diste todo lo que ten√≠as y ten√©s mucho por mejorar‚ÄĚ, podr√≠a haber cambiado la historia.

Escribo el libro porque creo que hay pocas cosas a las que valga más la pena dedicar nuestro tiempo que a descubrir cómo cambiar el devenir de lo que hacemos y de lo que no hacemos, de lo que sentimos, de lo que somos. El proyecto empezó con un ánimo divulgativo y terminó convirtiéndose en un viaje introspectivo; para investigar aquellos lugares de mi vida en los que estaba más estancado. Ojalá algo de todo esto también les sirva a ustedes. Lo he escrito con la confianza,

Envíos rápidos

Los tiempos de entrega¬†var√≠an seg√ļn distancia y modalidad de env√≠o que selecciones.¬†Las √≥rdenes pueden llegar a destino¬†el mismo d√≠a de¬†tu compra, o¬†entre 24 y 72 horas h√°biles, tiempos promedio despu√©s¬†de despachada tu orden.¬†No obstante lo anterior, en determinados casos muy excepcionales este plazo puede extenderse si el destino¬†corresponde a¬†zonas interiores de las cabeceras regionales o provinciales, por fuerza mayor, dificultades en la log√≠stica de la empresa de transporte, tambi√©n si tu direcci√≥n era incorrecta o no hab√≠a un adulto que recibiera en el domicilio.

puedes elegir diversas modalidades de envío 

La modalidad disponible para tu comuna se desplegará al finalizar tu orden. Es responsabilidad del cliente ingresar correctamente los datos de contacto y envío, en particular e-mail, dirección, comuna y celular.

Formas de pago

Paga con seguridad,  a través de

 

Transferencias y pagos bancarios: 
Transferencia electrónica, Deposito bancario, Caja Vecina.

Medios de pago en línea: 
Pago Seguro Webpay Redcompra - Tarjetas bancarias, Transbank vía PagoFacil . 

 

.

Formas de pago

Transferencia bancaria o depósito en cuenta: 
El pago se realiza por transferencia electrónica o depósito en cuenta bancaria que se indicará en la orden de compra que recibirás en tu mail. Para agilizar los trámites de envío, te recomendamos notifiques la realización de la operación respondiendo al correo que confirma la recepción de tu orden, o a través de nuestra página de contacto.

Pago Seguro con tarjetas de crédito bancarias, de casas comerciales y otras. 
Puedes pagar con todas las tarjetas de débito y de crédito. Una vez seleccionado este método de pago serás direccionado a una pagina segura y encriptada donde podrás concluir el procedimiento de pago vía WebPay. Recuerda confirmar y continuar, hasta volver a la página de leolibros.cl donde se te indica que la compra fue realizada con éxito.. La transacción es encriptada y segura a través de Pago Facil, plataforma de pagos online desarrollada en Chile.

Ver todos los detalles
  • ¬ŅSab√≠as?

    ‚Č°

    ‚ú® Comprar libro EL PODER DE LAS PALABRAS - MARIANO SIGMAN! con env√≠o r√°pido a todo Chile es muy f√°cil en Leolibros.cl la librer√≠a en l√≠nea de Qu√© Leo Copiap√≥ ūüėćūüďĖ

    .

    Leer mejora la creatividad y protege la memoria, además de mejorar el vocabulario y la ortografía.

    #LeeUnPocoCadaDía